Dulces para esa dulzura
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Dulces para esa dulzura
Resumen
Irma no tenía figura de bruja. Tenía unos rasgos menudos, regulares, un cutis melocotón y crema, ojos azules, y cabello rubio, casi ceniciento. Además, era una niñita de ocho años. — ¿Por qué la fastidia así? —Sollozaba miss Pall—. De este modo le vino la idea, al principio: porque él la llama brujita. Sam Steever acomodó nuevamente la voluminosa barriga en el crujiente sillón giratorio y plegó las gordas manos sobre el regazo. Su adiposa máscara de abogado permanecía impasible; pero estaba bastante afligido.
(Tomado de: Texto original)
(Fecha de reseña: 08/08/2015)
Editorial
Bruguera
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- 800 Literatura [3638]
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