Hijos de la luna
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Hijos de la luna
Resumen
¿Cómo que legalizar la situación? A mí me parecía que estaba muy clara: mis nietos, Hugo y Nacho, los hijos de mi hija Ada y de su marido, ahora huérfanos absolutos y que vivían de forma permanente en mi casa desde año y medio antes de la defunción de mi hija, que no tenían más abuela/o que yo, porque los paternos habían fallecido con anterioridad, y mi cónyuge legal desaparecido hacía nada más y nada menos que veintinueve años —la edad de mi hija menor, Mónica, que tenía seis meses cuando su padre se fue y nunca más volvió (como en la letra del tango argentino Caminito)—, por si fuera poco, su madre, mi hija, viuda legítima de su padre, mi yerno, me los había otorgado en testamento legal ante ilustre notario de Madrid, eran, pensaba yo, mis nietos-hijos o a modo de... Al menos yo así los sentía y creía que la situación era clara, ¡pero no!, en cuanto tuve que meterme por necesidad en la intrincada selva de la Administración, para algo tan sencillo —pensaba— como solicitar sus pensiones de la Seguridad Social, o una beca de ayuda de comedor, ya que el colegio al que iban —y van, ya por cuarto año consecutivo: el Escolanía Mater Amabilis de los jesuitas de la calle de Serrano—, era de los concertados, es decir, de los de enseñanza gratuita pero comedor de pago, así como las actividades, supe que tenía que hacer un procedimiento legal que acreditara que yo, su abuela materna, la única, ya que el que fue padre de mis hijos y mi marido ante Dios y los hombres, tiene tan mala memo
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